viernes, 5 de noviembre de 2010

El Congo, la historia de una riqueza envenenada

Explotados y engatusados en su propia casa, obligados a abandonar la dignidad de defender lo suyo y convertirse en marionetas del gigante capitalista. La mayoría de los nativos de la República Democrática del Congo han tenido que abandonar sus granjas y aldeas para buscar un puñado de dólares en las grandes y oscuras minas del Coltán, mineral estratégico extraído de la Columbita y el Tántalo y utilizado para la construcción de ordenadores, teléfonos celulares y videoconsolas. Arrastrando los pies por la manta de la curda selva a 50 kilómetros de la esplanicie, hacen de intermediarios de las grandes compañías norteamericanas, europeas y de la milicia de algunos gobiernos del país. Una explotación y contrabando ilegal pagado con el esfuerzo y sangre de sus verdaderos dueños. Un reciente informe de Naciones Unidas acusa a 29 compañías de haber saqueado la República Democrática de Congo y a otras 85 de haber violado las normas de comportamiento empresarial establecidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo. Buena parte de todas esas empresas son de países del Norte.
Desde 1960, año en que el Congo consiguió la independencia, las grandes corporaciones mineras multinacionales han intervenido en este codiciado territorio queriendo sacar beneficio de sus prósperos yacimientos de oro y minas de columbita y Tántalo, así como lograr su control total. También por ello y declarada a los cuatro vientos como “motivación oculta”, el Congo ha sido sacudido desde finales de los 90 hasta 2005 por una guerra con sus vecinos Uganda y Ruanda, en la que han sido implicados sus aliados Zimbaue, Angola y Sudán y en la que han participado 3 organizaciones guerrilleras. Una guerra, cuya final todavía es incierto.
Algunas de las escuadras del más voraz capitalismo neocolonialismo del Congo son las grandes compañías Ahmad Diamonf, As Diam, Sierra Grem Diamonds, Triple A Diamonds, Consolidated Eurocan Ventures, Lundin Group, Barrick Gold Corporation, Anglo American Company, American Diamond Buyers, Bayer  y  Barclays Bank, entre otras. Mención especial merece American Mineral Fields Inc (AMFI) una compañía estadounidense creada en 1995, forjada, según la revista Mundo Negro, “como instrumento para ejecutar en África la voluntad de dominación económica de los financieros occidentales”. Para esta revista africana, AMFI pretende desmembrar el Congo en micro-estados antagonistas, que dependan de las corporaciones mineras transnacionales. Un plan que ya intentaron en los sesenta con las rebeliones de las ricas provincias de Katanga y Kasai que determinaron los acontecimientos del país durante cuarenta años.
Abundando en el saqueo de las multinacionales extranjeras en el Congo, un informe del IPIS (Servicio de Información para la Paz Internacional)  ha denunciado a varias compañías europeas por el comercio ilegal del coltán, que utilizan a hombres de paja congoleños, ruandeses y ugandeses para facilitar aún más el saqueo con gente que conoce las minas. Unas minas construidas sin previo estudio ingeniero y que se han cobrado la vida de muchos  africanos, incluso de menores que trabajan por cantidades insignificantes de dinero comparándolo con el valor del mineral extraído. Una muestra de los beneficios obtenidos con ese saqueo y contrabando es que en Kiwu (bajo el control del invasor ejército de Ruanda) un kilo de coltan se pagaba a 5 dólares, pero luego ese kilo se cotizaba en Londres a 400. Para que esto fuera posible, las compañías extranjeras han contado con la complicidad de los dirigentes de la región, marionetas de intereses multinacionales a cambio de suculentas recompensas. El informe no formula acusaciones concretas, pero es fácil deducir de su texto que los presidentes de Congo, Zimbabue, Ruanda y Uganda delinquieron. Robert Mugabe, presidente de Zimbabue, desvió entre 4.000 y 6.000 millones de dólares de las minas de cobre y diamantes que obtuvo como pago a su alianza militar con Kabila. Loweri, presidente de Uganda, ocupó los yacimientos de oro de Bunia y de coltan del noroeste congoleño, que empezó a saquear sistemáticamente.
En la actualidad, según Carina Tertsakian, de la ONG Global Witness, especializada en denunciar la explotación de los recursos minerales en Congo, los precios del coltán han disminuido en el mercado internacional y afirma que “Hoy es la casiterita la que está dando los mayores casos de explotación infantil y trabajos forzados". Este mineral, del que se extrae el estaño, componente esencial de múltiples aleaciones, predomina en la parte este de Congo, la más sacudida por la intervención extranjera y las luchas fratricidas en el país.
El Estado no protege
Tras el final de la Guerra y con el apoyo de la comunidad internacional, el Congo pudo celebrar elecciones presidenciales en el 2006, abriéndose un periodo de esperanza que hoy a defraudado a todo el mundo. Un ejemplo lo encontramos en la capital de kivu Norte, en Goma, cuya ciudad ha sido tomada por el ejército y los cascos azules de la ONU. Los soldados han incurrido en numerosas violaciones de los derechos humanos contra la población a la que deben proteger, como el trabajo forzado de los menores en las minas, las muertes de numerosos civiles y las violaciones de sus mujeres en el poblado. Los soldados llevaban meses sin cobrar el salario, perdido en la maraña de la corrupción de los oficiales.
 Congo se encamina hacia otra generación perdida, la séptima u octava consecutiva desde la llegada del poder colonial. Los datos de Unicef hablan de un sistema sanitario público apenas existente, de casi la mitad de los niños sin escolarizar, de un 31% de menores de cinco años con malnutrición y de una mortalidad infantil antes del primer año que alcanza a uno de cada doce menores bebés. Un informe de Médicos Sin Fronteras alerta de que, en las zonas en conflicto, cada año muere uno de cada ocho menores de cinco años. Unas cifras que no mejoran desde hace dos décadas. Mientras, los niños siguen trabajando en las minas y el futuro de este territorio tan rico en su naturaleza, se desvanece de su lado más humano y civilizado.




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